lunes, 14 de febrero de 2011

Los refrescos sin azúcar, en el punto de mira




Los refrescos 'light' o sin azúcar han ganado terreno en el mercado en los últimos años. Muchas personas prefieren esta alternativa a las bebidas azucaradas de gran aporte calórico, cuyo consumo excesivo se ha asociado en repetidas ocasiones con un mayor riesgo cardiovascular. Sin embargo, podrían estar equivocadas.
Una investigación sugiere ahora que estas opciones menos dulces también podrían ser perjudiciales para el corazón a largo plazo. Según los datos de este trabajo, aún preliminares, el consumo de refrescos 'light' se asocia hasta con un 60% más de posibilidades de sufrir un problema vascular.
"Si nuestros datos se confirman en futuros estudios, esto supondrían que los refrescos 'light' no serían el mejor sustituto de las bebidas azucaradas a la hora de protegerse frente a las enfermedades cardiovasculares", ha señalado Hannah Gardener, investigadora de la Miami Miller School of Medicine (EEUU) y principal autora del trabajo durante su presentación en la Conferencia Internacional sobre Ictus que celebra estos días la Asociación Americana del Infarto Cerebral.
La investigación realizó un seguimiento durante aproximadamente nueve años a un total de 3.298 pacientes de distintas razas cuya edad rondaba los 40 años de media.
Los participantes debían responder a un cuestionario sobre la cantidad y el tipo de refrescos que bebían, entre otras cuestiones. Además, también se siguió la evolución de su historial médico.
Durante el periodo de estudio, se produjeron 559 problemas vasculares, como infartos cerebrales hemorrágicos o isquémicos. Después de tener en cuenta otros factores de riesgo, como la edad, el sexo o los antecedentes de cada individuo, los investigadores concluyeron que el consumo de bebidas 'light' se asociaba con un riesgo más alto de sufrir un trastorno de este tipo.
Pese a todo, en las conclusiones de su trabajo, estos investigadores reconocen que sus resultados no pueden considerarse definitivos, ya que su metodología no ha permitido descartar la influencia de otros factores claves, como la dieta o el ejercicio.

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